Brasil, cada vez estás más cerca

February 3, 2018

Seguramente ayer te levantaste, y lo primero que se te vino a la mente fue ponerte la camisa de la Selección. Te pusiste de acuerdo con tus amigos adonde verían el partido, y te puedo casi asegurar que los nervios invadieron tu cuerpo…hasta que la calma volvió a vos al escuchar las notas de nuestro himno nacional a eso de las 2:55 p.m. ¿Te cuento un secreto? ¡Así fue mi día también!

 

Ayer era ganar o morir, tan simple como eso. Si Honduras perdía prácticamente se iba por la borda nuestro sueño mundialista. ¿Cómo no tener temor ante eso? La presión era enorme para los jugadores y para el cuerpo técnico de la “H”. El Olímpico estaba a reventar y no les podían fallar a esas 33,000 almas que se encontraban bajo un asfixiante sol. Peor aún.. no nos podían fallar a los otros 8 millones que estábamos detrás del televisor sufriendo por nuestra única gran alegría, la Selección. 

 

El partido en sí tuvo muchos altibajos, Honduras dominó la mayor parte del encuentro, sin embargo no tenía mucha claridad  y Costa Rica por su parte no fue muy incisivo en ataque. El profe Suárez no hizo muchos cambios en respecto al partido pasado ante Panamá, el único fue sentar a Brayan Beckeles y mandar a la cancha a Peralta. No fue un partido con muchas emociones, en especial en el primer tiempo. En la parte complementaria Honduras salió un poco más ofensiva, intentando por las bandas con Emilio (quién a mi parecer fue uno de los mejores sobre la cancha). Lastimosamente, Wilson salió lesionado al ’58 y Suárez mandó a Najar a la cancha. Ese cambio táctico era la llave que necesitaba para romper la muralla defensiva de los ticos. Saliendo Wilson, Roger pasaba a tomar su posición al centro de la cancha y Najar a la banda. Una pincelada era lo que necesitaba Honduras para ganar, y fue Roger… siempre con su valentía y coraje logró librarse de las marcas y dar un excelente pase a Bengston, quién se encontraba desmarcado y con un toque sútil puso a mecer las redes del Olímpico Metropolitano. Nos tocó sufrir por 26 minutos antes que terminara el partido…cuando Jair Marrufo pitó el final del partido estalló el Olímpico… estalló cada rincón de este hermoso país, y también estallaron de alegría nuestros hermanos en el exterior.

 

Por 4 minutos estuvimos en el mundial, el resultado que tanto necesitábamos se estaba dando… un empate en el Azteca. Gritamos como nunca, socamos casi como hace cuatro años… ¡pero no! Un golazo monumental de México nos alejaba de nuestro sueño de estar clasificados al mundial solventemente. 

 

¿Saben qué? No importa si no celebramos ayer, nos tocará el martes, y lo haremos como si no hubiera un mañana. Este equipo y este país se merece no solo una clasificación al mundial, si no eso y todo lo bueno del mundo. En Honduras hay pobreza, inseguridad, desempleo, y todo lo que escuchamos a diario…pero los 11 de abajo nos hacen olvidar todo por un momento… y no es un cliché, simplemente así es. Nos han hecho darle abrazos a desconocidos en el estadio, han logrado que cuando jueguen, una nación entera ande uniformada de azul y blanco, y nos hacen sentir como hermanos. Gracias por eso muchachos… estamos con ustedes. Cada vez estamos más cerca de Brasil 2014. 

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